
Muchas veces me pregunto por el corazón de sensibilidades como la de Jeremy Jay, entre la explosión contenida y el amor incontrolado, entre tú y yo. Me pregunto mucho, ya digo, por los orfebres que hacen esas canciones que nos abrigan y nos resguardan de los días con dolor, el odio en los ojos y la fiereza en las palabras. El pop sirve para todo eso, pero sobre todo para salvarnos y reconciliarnos con nosotros mismos (y con la especie). Viva Jeremy Jay y viva el pop. Pues eso, que viva.
*Corran, corran a buscarlo...
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