Que León es una ciudad con una vida cultural agitadísima no lo duda casi nadie a estas alturas. O en todo caso lo dicen entredientes los que se quedan en casa, mirando la televisión y comiendo panchitos. Mal hecho, claro, porque este puente ha tenido radientes dosis de esa agitación, especialmente de tipo musical. Tantas, que a veces no sabe uno qué ir a ver, por quién decidirse o qué disfrutar de primera mano. Jueves noche. Art & Beauty. Nacho (guitarra) y Reyes (percusión). Y claro, Nacho y sus constantes polémicas en la Red, enfados colectivos y ataques directos a casi todo lo que se mueve (malditismo de libro, muchas veces mal entendido). Diría más, si Nacho se ha metido contigo es que estás haciendo algo interesante en esta ciudad (una extraña confirmación).Y pese a ello o gracias a ello, buena música. El dúo más certereo de la capital volvió a sorprender con un directo bluesero que citó en un aquelarre eléctrico a Robert Johnson o Blind Willie Johnson en su aspecto más epidérmico. Versiones cargadas de sentimiento y un nuevo filo a ese cuchillo largo y profundo que es Art & Beauty. Cada directo, una grandísima experiencia. Aunque todavía echo de menos su lado más Pastels, My Bloody Valentine y demás. Uno está hecho de mucho ruido.
Y el sábado más. Estaban Zodiacs por el American, pero todo, ya digo, no puede ser. Me acerqué, sin embargo, a ver al bueno de Jorge Arias (Arsel Randez) en El amigo de las tormentas. Un directo acústico que congregó a una multitud (estaba toda la fauna local) para ver su faceta más sensible y folk. Replicó con un cancionero que sonó muy dylaniano y que incluyó piezas de, por ejemplo, Tom Waits. Cercano, íntimo y desnudo, supo sonar frágil y con contundencia casi toda la velada. Ritmos lentos y una voz que se adueñó de todo y de todos. Disfruté como un niño su cancionero en castellano, que puedo certificar desde aquí (si uno puede certificar algo, vaya) como inmensamente valioso y honesto, amplio de miras y plagado de poesía. Eché de menos a Myriam (The Bright), se lo comentaba a Juancho, como una nueva versión potencial de Dylan y Baez en este nuevo y santo Village que es León 2.0. Sigan atentos. Esto parece no tener fin. Mientras el mundo cae, claro.
*Imágenes de Santos M. Perandones (que también puedes seguir en el siempre vivo Fanzine León).
Una auténtica sorpresa. Acabo de hacerme con las grabaciones de Skip James del 68 en CD (reacciones más o menos compulsivas del último comprador vivo de cedé). Una copia que aquí distribuyó cuidadosamente Nuevos Medios (algún día habrá que hacer una lista de los méritos de esta discográfica señera en el panorama nacional). Tengo que reconocer, no queda otra, que las grabaciones de finales de los sesenta no tienen ese halo de misterio que desprendían las de los treinta, cuando James no era más que un simple vagabundo en busca de la esencia de las cosas. Y la descubrió, vaya que sí. Si no me creen, escuchen atentamente esa maravilla de la imperfecta perfeccción que es "Devil got my woman". El alma negra recorriendo cada centímetro de una voz rasgada y luego esa melodía lenta pero firme que atraviesa a uno como lo haría un cuchillo con un suave trozo de mantequilla.
No me quedan muchas dudas respecto a la grandeza de Skip James. Y su leyenda, sin ser la del enorme Robert Johnson (se dice que cuando Keith Richards, de los Stones, lo escuchó por primera vez pensó que tocaba más de una persona a la vez), posee algo de relato épico redondo, de perfecta literatura del Delta. Se se suele contar que James era un redomado trotamundos con su guitarra al hombro, un apasionado de la libertad y la carretera (los beat, con Kerouac a la cabeza, retomarían esa forma de vida). Es entonces, de paso en una pequeña ciudad, cuando decide presentarse a un concurso de talentos. Se convierte en ganador, y el premio se trnsforma en grabar unas canciones. Tendrá que viajar hasta otra ciudad y allí dar forma a lo más cercano que ha estado el hombre de grabar fielmente sus propias entrañas. Aun con todo, el disco no resulta un éxito, como podría esperarse y dada la alta calidad del material musical. La crisis económica y la llegada de la radio hacen el resto.
James, sin más,aunque algo apesadumbrado, continúa su camino. Es entonces cuando decide hacerse pastor y cantar directamente a Dios y sus feligreses. Pero con los años, el nombre de Skip James se convertirá en un grandísimo mito (aumentado por su ausencia de la escena musical, nadie sabe dónde está ni tampoco se le espera). Será con el hippismo, la contracultura y los festivales, ya en los sesenta, cuando nuevos muchachos recuperan para todos los amantes de la música la esencia de la norteamérica negra. Un respiro aliviado y de justicia. James morirá pocos años después, y su nombre, poco a poco, pasará a convertirse en un clásico de las emociones del siglo XX. Tengo una grabación de ese mismo hombre/mito en el año 68 (un año ya de por sí legendario), totalmente transformado, cuando la vida le había derribado varias veces, y su voz suena infinitamente distinta, como si hubise perdido la gracia o simplemente fuese otro.
[Con todos ustedes... Skip James, ochenta años después]
Si hoy por hoy existe una editorial combativa y con clara vocación rupturista, esa es, sin duda, La Felguera Ediciones. El listado de sus obras no deja lugar a demasiada incertidumbre sobre sus filiaciones y gustos más extremos, desde un esclarecedor y atípico (por poco habitual en el mundo del libro, casi todo es laudatorio) Ese imbécil llamado Sartre (Antología de insultos publicados en Internationale Situationniste y Potlatch) a King Mob. Nosotros, el Partido del Diablo, pasando por la estimulante historia de Patricia Hearst (hija del legendario Hearst, magnate de prensa -que Orson Welles retrataría en Ciudadano Kane-, que tras ser secuestrada apoyó activamente la causa de sus secuestradores)o el también imprescindible Motherfuckers! De los veranos del amor al amor armado. Libros de una editorial llamada a ser la nueva La Banda de Moebius o el relevo de aquella mítica colección de libros Star que educó en el underground a varias generaciones. Fetiches de culto propicios para la expansión y la formación de un nuevo carácter crítico (justo lo contrario que solicita una sociedad anestesiada y en horas bajas, de ahí quizás su inevitable y urgente necesidad).
La editorial, afincada en Canarias, y guiada con mano maestra por Servando Rocha (uno de los grandes especialistas en varios artefactos a la contra), es ya una guía de cabecera para entender esa otra Historia, la que pervive con más o menos aliento a través de los tiempos y que se transmite con pasión en una obra del calibre de Historia de un incendio. Arte y revolución en los tiempos salvajes: de la Comuna de París al advenimiento del punk. El otro gran libro de Historia. De los desclasados, de los tarados, de aquellos que sienten la manipulación y la retórica perversa de un poder que no deja de asegurar que actúa por nuestro bien(estar). Crueldades aparte, tener a mano esta colección de libros fantásticos puede ser la perfecta tabla de salvación ante estos tiempos irrespirables. Una muestra de lo que contienen: "Hay que encontrar soluciones tanto culturales como socio-económicas, soluciones que nos devuelvan nuestra fuerza creadora y nos alejen de la destrucción. La esperanza está en los jóvenes" (Black Mask Nº5, abril 1967). Reflexiones más necesarias que nunca y que se unen a las propias, dando forma a ese otro título ideal (como mucho en esta gran sello editorial), Nos estamos acercando. No dejen de hacerse con algún ejemplar en su librería más activa.
[Lou Reed 1974, cuando escucharle era jugar con el mismísimo diablo]
La verdad por delante. Tetro no es la gran película de Coppola. Ni mucho menos. Tiene la mano del maestro, es cierto, pero está lejos, muy lejos, de la capacidad impecable del italoamericano. No soy devoto de Vincent Gallo, pero hay que reconocer que es de lo mejor de la película. Verdú simplemente se convierte en pasable, como si no pegara del todo con la historia (es más, no se profundiza apenas nada en su personaje). Aunque quizás lo más terrible sea una Carmen Maura estirada, demasiado almodovariana en la pampa, cogida por hilos, y que resulta más bien una mala caricatura, un personaje en busca de autor. Puede tener el terrible mérito de ser el personaje de Coppola con menos profundidad de toda su filmografía (y Maura no parece la culpable, o tal vez sí por prestarse a ello). Atrás quedan la magia épica de Apocalypse Now, los abismos del corazón humano de El Padrino o esa pequeña joya que nadie debería perderse, La ley de la calle, con la que entronca esta narración en su tratamiento visual (blanco y negro, y algún guiño multicolor, como contraste), dos hermanos en una particular búsqueda personal, la rivalidad y el deseo. De eso va Tetro, pero con menos garra y algún que otro descuido.
Le sobran capas a este film. Por ejemplo, sobra un guiño a la Califata (la radio creada para dar voz a los enfermos mentales sin voz), que parece una lectura rápida en un semanal durante un vuelo Nueva York-Buenos Aires. Pero también hay equipaje perfecto, imprescindible (que salva buena parte de la historia, y que justifica su misma existencia), un hermano del protagonista deslumbrante (el existencialismo teen es desde hace mucho una de mis debilidades, lo que unido a una iniciación amatoria fantástica, salva muchos de los baches ya citados). Creo en el personaje de Gallo, en ese reflejo en los glaciales, en la creación escrita como uno de los pocos medios de salvación personal (acabe o no en formato libro), creo en la verdad, en lo terrible de cierta parentalidad, y cómo no, en un Coppola que aun en momentos bajos me hace sentir que todavía merece la pena contar historias. Incluso con fallos. Ya lo decía alguien, hasta los genios se equivocan de vez en cuando. Tal vez más que la mayoría.
El (muy) bueno y (muy) grande Felipe Zapico ha sacado nuevo libro de poemas, nueva punzada en la espalda de los muchos desheredados. Lleva por título Balances Parciales y es el poemario leonés de la temporada, así de claro. Justo ese que no deberías perderte. Si con Litros de versos ya nos revolvió una noche al completo (sin conseguir pegar ojo), con este nuevo balance nos ha dejado (hiper)estimulados y sensibles hasta el verano o el primer otoño de este apocalíptico (e integrado) dos mil doce. Porque aquí hay belleza, mucha, no solo lo digo yo, sino también Arantxa Oteo Ugarte (y mucho mejor) en un magnífico prólogo que abre las pápilas gustativas como si de un gran solomillo con verduras se tratase. Y algo de alimenticio tiene este poemario, sumergido en la intimidad de un hombre que ve cómo las mujeres, los objetos y la vida se transforman, especialmente él mismo. Sirviendo, sobre todo, para sacar lo mejor de sí, cierta valentía y ese agujero hondo que solo intuimos con el alcohol de 40º o los libros desnudos.
No tengo la menor duda, mis líneas favoritas de este libro delicado y ágil son esto, lo que sigue, un mazazo a lo bienpensante y la falsa delicadeza:
Luna blanca sin mácula venciendo al negro. Hostia pura hostia santa haz que me quiera Julia. Hostia pura puta santa que si no se me atraganta. Disparate de luna escaparate en tus ojos, yo soy diez, uno, ninguno. La hostia se ríe la luna me mira y tú piensas callándote.
Y así, boquiabierto y atontecido por las hostias, se queda uno pensativo, lírico y algo más humano, gracias a este rígido deicida noctámbulo y luchador, que cree en la poesía como ese último estigma, un pecado que es en el fondo una bendición. Alivio y dolor. Sombras y algo de naúseas por el viaje.
La naúsea no prosperó y el pálpito se precipitó desde el frente.
Habla de todos, claro. Si eso pongan las imágenes de Javier Zabala en sus cabezas, junto a la almohada. Algo de blanco y negro y rock n´roll en el cruce exacto de caminos. Disfruten
[The Everly Brothers. Todos los hombres son hermanos, que decía el otro]
De vez en cuando el cine comercial da agradables sorpresas. Drive es ese gran título escaso y necesario, el modo perfecto de reconcialiarse con la gran pantalla (ahora que todo parece pasar por lo digital y las descargas). Cuando ya resultaba un mantra asumido que en los cines no pasaba nada bueno, llega un tal Nicolas Winding Refn (Mejor Director en Cannes) y se marca un Fast & Furious nada choni, hecho de impecable buen gusto y alta dosis neuronal (apelando siempre a algo puramente instintivo y emocional, eso sí). Justo eso que muchos venimos deseando desde hace no se sabe cuándo, para así dejarse de tanta admiración artrítica y disfrutar de un un cine actual, atractivo y muy popular (dejando esnobismos y pedanterías atrás). Lo que siempre debió ser una auténtica sala de cine (si hubiese primado más, claro, la sensatez y menos las fórmulas redondas de marketing). Estilo de autor, vaya.
Ya digo, cuando estábamos un poco hartos de rollos infumables o de películas con miles de explosiones y cero chicha, llega Drive para cambiar las reglas y poner todo patas arriba. Buena fotografía, alucinante interpretación , perfecto pulso narrativo... vamos, como que he cogido luego el coche de otra manera, quería unos guantes de cuero marrón(cuando la vean entenderán el por qué). Que me venga a la memoria, no me pasaba algo así desde los Goonies.Si quieren pasar un buen rato y además ver buen cine, creo que no tienen muchas más opciones. Ahora que Cronenberg ya no saca sustancia a algo como Freud y Jung (el gran bluff de la temporada), o Polanski hace teatrillo urbanita, solo nos queda deleitarnos como adolescentes que acaban de sacarse a la primera el carné de conducir. Me cuentan. Que disfruten del nuevo año.
[Trailer de Drive. Conducir en el año del apocalipsis]