

Lo que Nixon vino a aportar a la cultura contemporánea, es la conciencia colectiva de que la corrupción había invadido todas las esferas posibles, incluida la presidencia. Lo que hoy nos parece natural (tráfico de influencias, cohecho...) era un golpe a la ingenua conciencia norteamericana. Era como derribar un muro sagrado. El Watergate era una herida abierta y alguien como Frost vio que era necesario cerrarla. Algo parecido ha ocurrido con Bush Jr., después de sus estragos políticos, no ha tenido ni una sola consecuencia sus actos (mentiras globales, miedo radical a la población...), lo que ocurre es que Bush no da para una entrevista con jugo. Lo que también hace Frost/Nixon es dignificar la figura de Nixon, un estadista que sabe pedir perdón (aunque eso no sea suficiente, Vietnam seguía en mente para recordarlo a todos). Y Bush, claro, sin ninguna consecuencia por Irak. Así están las cosas. Ah, las interpretaciones de esta magnífica película merecen todos los premios posibles. Vean cine del bueno que, que uno sepa, no ha matado a nadie.
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