
Morrisey llora en cada palabra, grita con las flores en el bolsillo de atrás, mientras su camisa es cada vez más grande, holgada como las lonas de los circos. Los Smiths siempre jugaron con nuestras almas como hierba, por eso se contorsionaban danzando ágilmente, malabares músico-verbales. Siempre creí que algo como los Smiths debía existir en alguna parte. Tuve que perderme y encontrarme varias veces, hasta que una tarde, hace mucho, The Queen is Dead entró bajo mi cazadora, protegido como un niño famélico (el disco y yo, ambos). El dolor siguió, pero los Smiths, a partir de entonces, se quedaron, puede que para respirar pequeñas bocanadas de aire conmigo. No hay nada como respirar los Smiths.
[Bigmouth Strikes Again en directo, la cuadratura del círculo en el pop pluscuamperfecto de los 80. Bocazas, sí, pero lo justo]
te considerás más masón o más illluminatti?
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