
La película no tiene desperdicio (y que conste que no he leído el libro, no conozco su fidelidad en su traslado al celuloide). Jeremiah es un niño de una madre punk descarriada a la que hace tiempo le quitaron su hijo los servicios sociales. Consigue que el pequeño vuelva a su lado, pero a partir de entonces habrá de todo: drogas, prostitución, trapicheo, travestismo... un submundo que por ficticio, insisto, no es menos doloroso. Críticas severas a una sociedad radicalizada, hacia la religión o el exceso, las broncas, la locura, la desorientación, la mala comida, la supervivencia de los que no saben sobrevivir (pero que lo intentan por puro instinto). La imaginación ordenando lo cruel. Eso sí, ojeen esta cinta, como curiosidad abominable y transversal. Viajen junto a esa madre y ese hijo en su coche para ver esa otra América -Occidente en general- que no aparece en los anuncios de automóviles y las pantallas de plasma.
[Extractos de la película. Preparen el omeprazol o algun protector gástrico para digerir la brutalidad sobre la infancia. No por falso es menos real...]
No hay comentarios:
Publicar un comentario