lunes, 28 de noviembre de 2011

Falta algo

Que la vida es sexy, coño,
y que debiera ser
como bendita agua perfumada
y no como ese triste
maullar y lamentos largos.
Pero falta, falta algo
en los otros,
en los mil momentos
[en que no llueve.
La longitud de una línea.
















[Sobre libertad y otras enfermedades del alma]



miércoles, 16 de noviembre de 2011

Humpday o el raro elogio de la ociosidad

Interesantísima y provocadora, infinitud de aristas y temas tabúes a doquier, abierta y compleja, eso es, entre otras muchas cosas, Humpday. Film indie de factura low cost para tardes de mente abierta y cero prejuicios, porque sí, hablamos de sexualidad ( y más concretamente de potencial homosexualidad). Aunque ya Freud asegurara con cierto desparpajo científico una bisexualidad humana innegable, parece que Occidente se cierra a esa humana posibilidad. La homosexualidad no se puede tocar en las artes o en todo caso acabará siendo pasto de lo minoritario y abocada al rincón de la rareza(ese es el trato implícito). Humpday tuvo en su momento excelentes críticas (New York Times incluido), pero apenas tuvo repercusión en el circuito comercial. Mi encuentro con la película, puro azar (bendito azar), y una señal de que otro cine es posible (fuera de los lugares comunes). La película más extrañamente cómica que he podido ver.


Humpday parte de una premisa poco o nada común. Un par de amigos (uno de ellos de actitud arty y viajero, y otro aparentemente más conservador y hogareño) se reencuentran tras varios años. Un reencuentro que genera cuestiones relacionadas con esa temible pregunta burgesa, ¿qué quiero hacer realmente con mi vida? En una fiesta, entre hierba y alcohol, surge la idea de rodar una película porno homosexual de dos heterosexuales como forma de arte visual. El discurrir de la cinta es insospechado, incómodo y amenazante, y tal vez también el reverso de lo convencional que exprime Hollywood a diario, como a un triste limón machacado. Una mirada a las preguntas neuróticas de la ociosidad, de lo joven, las mil direcciones de la vida y un sinfín de carcajadas "nuevas" (el ingenio está por todas partes en esta película). Humpday es perfecta si quieren ver de cerca al nuevo urbanita occidental, raro de cojones, rayado con su propio y descomunal ego insaciable. Otra forma de ser Woody Allen.






[Depeche Mode, synth pop, trajes grises y futuro]




domingo, 6 de noviembre de 2011

Creando culto

Pronto, muy pronto, lo nuevo de Vicente Muñoz en las librerías. El imprescindible Cult Movies. Películas para llevarse al Infierno (Eutelequia, 2011), un personal tratado con lo mejor del cine underground nacional e internacional. Cien títulos sugerentes para ese otro cine que modifica poco a poco el alma de los que quieren ver y sentir otras realidades cinematográficas. Reflexiones e impresiones muy personales en torno a filmes de autor tamizados por la siempre inquieta mirada del autor de El Merodeador o Mi vida en la penumbra. Cien títulos, ya digo, que van de Arrebato a Vanishing Point (una lista asombrosa que, por supuesto, deberán descubrir por ustedes mismos). Y a unos textos fantásticos, se añaden ilustraciones a igual altura, las de Julia D. Velázquez, que ofrece una nueva visión de películas que cambiaron o cambiarán (es una guía de autodescubrimiento para perderse en ella) nuestra estrecha vida.


Pero Cult Movies no sólo es literatura e ilustración. Es algo más. También auténtico cine, ya que el libro añade el DVD Gritos en el pasillo, de Juanjo Ramírez. Más culto al culto. Porque al padre del undreground leonés (un título a compartir con Alfonso Xen Rabanal y Silvia D. Chica)le echabamos de menos una obra de auténtica pasión y dirección exclusiva hacia el cine, ese lugar de luces y sombras donde no sólo hemos forjado nuestro carácter, quizás también nuestras propias literaturas. El mundo positivado donde descansan nuestros ojos. Se presentará oficialmente el 25 de noviembre en Artemis (C/ Villa Benavente, 17), franqueado por Xen Rabanal y uno mismo. Acérquense y comprueben por ustedes mismos porqué Cult Movies debe estar junto a su pantalla o su librería. El próximo 14 de noviembre estará ya a la venta, por si se quieren ir adelantando.







[Blind Willie Johnson, cielo e infierno]




martes, 1 de noviembre de 2011

Tinta

Con nada.

Así, con pulso tembloroso,
he podido escribir algunas palabras
en tinta negra,
tatuajes para usar
en los antebrazos.















[The Wedding Present, regalos por sorpresa]





miércoles, 19 de octubre de 2011

Winter Indie City, soñar despierto

Hay dos formas de hacer las cosas: por dinero o por pasión. La segunda opción, evidentemente, no por difícil es menos interesante. Y otras veces, no pocas, es la única forma de lograr las cosas que uno quiere. Algo así sucede tras la sombra del WIC, un fantástico festival intermitente en la ciudad de Segovia que, poco a poco, va consolidándose como una propuesta singular y excesiva en una realidad muchas veces mediana y casi gris. En algunas ciudades, es esto (arrojarse a la piscina sin mirar ni media) o perder la vida día tras día, por lo que les acabo por ver como unos hermanos majos que viven lejos y sienten el mismo spleen. Hablaba de pasión y, creo no equivocarme, es la clave fundamental que se esconde tras infinitas horas de preparativos, promoción y gestión para un evento musical de esta altura. Quien ha hecho algo así, sabe de lo que estoy hablando. Faltan calles y plazas, ay, a los promotores musicales de este país.




No tengo muchas dudas de que el WIC posee algo especial, ese cuidado y dedicación (casi artesano) de ir organizando las cosas con paciencia y buen gusto. Esa forma de traer al grupo punturo que, si no es de es de este modo, sólo iría a la ciudad del acueducto a por cochinillo o fabes de la Granja. Uno vivió allí y sabe cómo se las gastan estos segovianos con las cosas del comer. Ya digo, o este gente se ponen tibios a torreznos (insisto, sé de lo que hablo) o se dedican a montar conciertos o traer a gente como Catpeople, Guadalupe Plata o The Bleach. A dos de estos tres los hemos traído por León para animarnos y quitarnos también el frío de la desidia. Se lo decía yo un día al bueno de Adrián (voz de los Catpeople), "en este país, los grupos tocáis gracias a la gente apasionada". Tengo la sensación de que mis hermanos segovianos de sangre musical y exceso piensan lo mismo. Si quieren ver algo hecho con el corazón (no hay tantas cosas como uno cree), pasen por la mítica La escuela (en mi primera novela, El tiempo nos va desnudando, aparecía este mágico lugar noctámbulo de repetición y fin), y dejense acariciar por los mejores sonidos que hoy se hacen en este país. No lo piensen más: Voten pasión, voten WIC (Winter Indie City). Algo así como soñar despierto.







[Catpeople, gigantes en lo íntimo ]




miércoles, 12 de octubre de 2011

Oda a Chloë

A veces se aparece a mí
y me tiro a sus pies
de sal y mugre
a rogarle el milagro
de su presencia,
su agresión sin fin
(me suele morder la base del cuello)
y esa especie de calor tenso
que irradia su boca muy abierta.


Creo que sueño a menudo
con su desnudez blanca y carnal.
Chloë... Chloë...


Para los que estamos solos
(para los que estáis solos),
nos queda Chloë.


Fuera hace frío
y Chloë guarda algo así
como cierta dignidad felina
en su pelo rubio
de animal hermoso
que roza algo contra los muslos.


Para los que estamos solos
(para los que estáis solos),
nos queda Chloë.










[Black Rebel Motorcycle Club, rock n´roll]




domingo, 2 de octubre de 2011

Greenberg, parecidos razonables

Greenberg es una auténtica joya escondida en las estantería de su videoclub. Y quizás está en él únicamente porque aparece un Ben Stiller magnánimo que habrá bajado su caché a un algo ridículo para ofrecer(se) cierto encanto indie en su currículum de comedia perpetua. Tal vez, y uno debe aprender a verlo y asumirlo, Greenberg posee cierta comicidad innata, pero tan turbia que uno no puede salir de ella más que dolido, jodido o algo peor que acaba por quitar el sueño. O con más alcohol en sangre, quién sabe.



La cinta narra la vida de un treinteañero-cuarentón, el tal Greenberg-Stiller, sin perspectivas de futuro, agrio como el vinagre y tremendamente poco hábil para el amor o las relaciones personales. Pero hete aquí que aparece una mujer que parece tener más resistencia que un batallón de infantería. Y para sorpresa de la mismísima existencia surge ese algo que no sabría cómo denominar (y no me pasa muchas veces), eso que constantemente mi generación lastimera (bueno, quizás sea yo el lastimero) lía en cada lugar por el que pasa. Otros lo llamaron desencanto. Desidia de inicios de siglo o algo así. Pongan ustedes el nombre.



Recomendación impagable del bueno de Henry Pierrot, al que últimamente debo una relectura de mi treintena avanzada. Neurosis snob o imparable decadencia personal.En todo caso una nueva visión de mis fobias y filias maduras (ay, me da que empiezo a ser interesante, eso tan terrible y temido). De conflictos en esta línea vivió siempre un Robert Crumb autoreferencial y le fue muy bien. Bueno, acababa siempre a lomos de una señorita, pero esa es otra historia. Echen un ojo a Greenberg y veánse reflejados en mil tics imposibles que todos creíamos únicos. Miren al espejo. Tela con lo que devuelve.





[Murphy y sus LCD Soundsystem, la última banda sonora posible de una nueva generación perdida]