¿Quieren saber mi opinión? No tienen porqué. Aunque creo que puedo ser imparcial (bueno, salvo que Vinila me llame ahora, que lo veo poco probable, y quiera tomar algo en la intimidad y susurrarme cosas sucias al oído). Aquello tuvo algo de artificioso por excesivo (cada vez descreo más de los excesos a ciertas edades): exceso de agradecimientos, exceso de tópicos del rock, exceso de técnicas de venta... Vamos, escasa realidad y mucha representación, eso no quita para que alguno bailara creyéndose ante una jukebox postmoderna en el dinner. Allí se fue a admirar la fama (efímera y todo lo que quieran, pero máximo culto en nuestros días), si luego se podía uno agitar bienvenido era.

Existe una nostalgia del rock n´roll, de un mundo ordenado, con facciones bien definidas, con los buenos muy buenos y los malos muy malos, pero eso es nostalgia de un paraíso perdido (que nunca existió del todo aquí, en este país de garbanzos con chorizo -el que los tuviera-). La realidad norteamericana como un pasado total de la humanidad reciente. Hay quien habla mejor de todo esto (les recomiendo efusivamente Agotados de esperar el fin de Servando Rocha, mejor analista en este sentido que yo).
Volviendo al show. Mi más profundo dolor no es la hipótesis de que ya ellos ponen por delante lo de que son un "producto", a la defensiva, previendo lo inevitable, (que yo sepa, en tiempos capitalistas, salvo escasas excepciones todo es un producto si hay dinero de por medio). No, eso es lo de menos, lo peor a mi juicio es querer versionar a Nancy Sinatra (adoro a esa mujer) y hacer el "These Botts are Made...", cuando ya todos estamos cansados de su gran hit sixty (probablemente querían que todos lo corearan como en un pequeño Rock in Rio miniaturizado). Si hubieran versionado "Summer Wine" o "Some Velvet Morning" estarían salvados y hubieran ganado mi respeto y el de muchos músicos de la ciudad, salvados, claro, de un infierno que hoy parece apetecible para todos. La credibilidad y la fama hace décadas que no conjugan bien (aunque Vinila lo desee con todos sus tatuajes juntos).

Pero como el mundo no es perfecto y todo eso, y ya lo vamos sabiendo, les recomiendo un error menor, tiernamente fiero y vivo como la sangre. Este próximo jueves Triángulo de Amor Bizarro visitará esta fría ciudad. Si quieren ver rock con vida propia (y no solo aparente o como artificio) acerquénse al Gran Café a escucharles. Verán que la cosa ha evolucionado, que las poses y los guiños sobran y la subversión rock siempre sobrevive en unos algunos niñatos que quieren cambiar (un poco) el mundo. No se los pierdan y no olviden, tampoco, que el punk nos salvó, cuando todo parecía perdido, del artificio y los nombres con luces de neón.
*Imágenes de Hugo Alonso.
[Triángulo de Amor Bizarro, la más potente de las bandas gallegas de la actualidad. El ruido y la furia (y la voz suavemente sugerente de Isa). Algo así como unos Spacemen 3 coruñeses.]

