
Adentrarse en páginas escritas (si son como las de esta gran obra de Auster, mejor) resulta un buen antídoto para el tedio, los días largos y el mundo breve. El Palacio de la Luna me está resultando una digestión agradable, esperable (voy a sus páginas como un niño) y, sobre todo, un viaje a alguna parcela escondida de mí mismo (lo que, en esencia, todo libro debería perseguir). Recomiendo su lectura, claro, e insisto en la gran labor editorial de Herralde y cía. con su Anagrama, una editorial de futuro y para el futuro (de hecho, el futuro es totalmente suyo, los lectores se lo hemos entregado sin ya más condiciones). Continuaremos leyendo (parece la mejor opción, ya digo). Eso sí, en breve saldrá a la calle un nuevo Azul Eléctrico, pero también, y conjuntamente, un nuevo proyecto que detallaré progresivamente aquí. Los días son proyectos. Los proyectos, la vida. Sin ellos, el mundo carecería de forma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario