Las calles ondulan silenciosas. Las madres empujan los carritos de sus pequeños (el futuro de todo esto, no lo olviden, si es que lo hay). Alguien hacía un comentario en este mismo blog que me hacía meditar: en la anterior actualización relativizaba el velo como problema de magnitud, pero es, en el fondo, ese mismo problema que han ido arrastrando todas las mujeres día tras día; lo que ocurre, lo que me preocupa, es la alienación total, masculina y femenina (ninguna guerra es pequeña, sorry). Nos estamos golpeando a nosotros mismos, entre nosotros mismos, un golpe y otro en la misma zona, un abdomen castigado. Los ojos amoratados. Somos como ese Jake Lamotta que golpea la pared hasta destrozarse las manos, las nuestras. Así actuamos. Nihilismo pasivo. Cada generación anterior luchó por algo. Puede que seamos la primera que no nos pongamos de acuerdo sobre a qué prestar atención: Irak (la de los 60 tenían Vietnam como punto en común, algo flagrate e injusto a todos luces), calentamiento global, el paro, la corrupción... Quizás los problemas son demasiados. Los velos, ay, crecen por todas partes, más que nuestras cabezas o nuestros pensamientos. No hay palabras suficientes. No hay tiempo. Y el lenguaje es una trampa.
[El Niño Gusano. Y eso que los 90 parecían decadentes. Todavía no habíamos visto nada./Este viernes, a partir de las 0:30 hs., en la Taberna Belfast, una de las formaciones actuales mas imprescindibles, Nudozurdo. Los ví por primera vez en el Carmencita Festival y me dejaron boquiabierto. Bien por tenerlos aquí de nuevo.]
