
Las reglas del juego (2002) -prefiero la traducción que del libro hizo Anagrama, Las leyes de la atracción- es un peligroso e incendiario artefacto creado por Roger Avary, autor también de esa extraña, inquietante y también bella película que fue Killing Zoe, en la que también estaba muy próximo Tarantino o al menos su instinto vital/destructor (de hecho, ahí es nada, fue el guionista de Pulp Fiction y Reservoir Dogs). Digo esto también por contextualizar, porque de este hombre no hemos vuelto a saber más. Y con la escena final del film -ya me contarán- todas las opciones parecen abiertas: un perfecto canto de cisne, un juego posmoderno certero, la muerte del cine comercial que aparenta lo contrario (o al revés, quién sabe), un perfecto análisis sin continuación posible o un simple agotamiento de ideas de Occidente, harto de contar/escuchar la misma historia una y mil veces. Sea como sea, Avary me ha hecho adicto en el tiempo a esta singular creación cinematográfica que, sin ser ninguna obra maestra, despierta aspectos dormidos, preocupaciones latentes y un reflejo deformado de lo que nos hizo así. El dolor de ser adolescente y tal. Ya es hora dar un salto, caer en la cuenta de que desde Rebelde sin causa la mutación joven no ha parado de crecer. El último y mejor retrato posible lleva por título Las leyes de la atracción. Ya lo entenderán.

[Love & Rockets, sentido y sensibilidad]
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ResponderEliminarbajando ahora que la peli no la he visto, el libro me gustó aunque de ese estilo antes que a Easton Ellis prefiero a Chuck Palahniuk.