Porque aquí hay belleza, mucha, no solo lo digo yo, sino también Arantxa Oteo Ugarte (y mucho mejor) en un magnífico prólogo que abre las pápilas gustativas como si de un gran solomillo con verduras se tratase. Y algo de alimenticio tiene este poemario, sumergido en la intimidad de un hombre que ve cómo las mujeres, los objetos y la vida se transforman, especialmente él mismo. Sirviendo, sobre todo, para sacar lo mejor de sí, cierta valentía y ese agujero hondo que solo intuimos con el alcohol de 40º o los libros desnudos.

No tengo la menor duda, mis líneas favoritas de este libro delicado y ágil son esto, lo que sigue, un mazazo a lo bienpensante y la falsa delicadeza:
Luna blanca
sin mácula
venciendo al negro.
Hostia pura
hostia santa
haz que me quiera Julia.
Hostia pura
puta santa
que si no se me atraganta.
Disparate de luna
escaparate en tus ojos,
yo soy diez,
uno,
ninguno.
La hostia se ríe
la luna me mira
y tú piensas callándote.
Y así, boquiabierto y atontecido por las hostias, se queda uno pensativo, lírico y algo más humano, gracias a este rígido deicida noctámbulo y luchador, que cree en la poesía como ese último estigma, un pecado que es en el fondo una bendición. Alivio y dolor. Sombras y algo de naúseas por el viaje.
La naúsea no prosperó
y el pálpito se precipitó
desde el frente.
Habla de todos, claro. Si eso pongan las imágenes de Javier Zabala en sus cabezas, junto a la almohada. Algo de blanco y negro y rock n´roll en el cruce exacto de caminos. Disfruten

[The Everly Brothers. Todos los hombres son hermanos, que decía el otro]
Gracias Julio, eres muy bondadoso, jajajajaaj, parece un insulto pero es por agradecimiento.
ResponderEliminarzapico presidente!
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