
La primera de las partes es de sobra conocida, con un final que hoy no sorprendería ni a un grupo de niños de guardería. En las otras está esa esencia única de la serie B (la primera de las películas es una de las mayores cotas míticas del género). Caminar por el subsuelo derretido de Nueva York, adorar bombas atómicas como solución final (bueno, eso no está tan lejos de la realidad yankee), las revueltas de los simios... y un agradable largo etcétera que no quiero desvelar aquí para que el espectador no pierda la multitud de elementos llamativamente agradables que muy probablemente asimilará vuestra alma infantil.
No sé, quizás el concepto de unos simios (lo de monos les ofendía) que se imnponen a la raza humana no me parece tan desagradable. Eso habla a las claras de nuestros sentimientos con el género humano. Lo llega a decir César en una de las escenas finales, solo hay unos cuantos hombres que merecen la pena. Puede que todos esos que consiguen hacer películas tan reconfortantes y huidizas como éstas. Porque este mundo, la verdad, no nos lo merecemos los humanos. Al menos, simio no mata simio.

[The Courtneers que, como nos pasa a todos, hay veces que acertamos y otras que no; esta es una de las que sí (escuchen)]
los chimpancés pelean y se matan entre clanes, tribus, manadas o como quieras llamarlas, por el territorio.
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