Mostrando entradas con la etiqueta Espacio Vías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Espacio Vías. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de diciembre de 2010

Madera y salvación

Háganme caso (aunque sólo sea por una vez) y no se pierdan el magnífico trabajo recopilatorio de Conrado Zurdo, Dibujos en el aire. Una buena muestra que desde ya puede verse bajo los techos industriales de Espacio Vías (un espacio, valga la redundancia, donde existe un lugar para el creador leonés con nuevas propuestas). No es que sea uno un gran especialista en escultura (la pregunta correcta sería si lo soy en algo, ¿no?), pero en cuanto se cruzen con esos objetos vivos, de formas maquinales, inconscientes, a veces orgánicas y otras extraídas de la propia alma antropológica de todos los pueblos (desde las cavernas hasta hoy, en lo esencial, no hemos cambiado tanto, salvo quizás porque miramos mucho El Tiempo de Maldonado), no podrán evitar llevarse su recuerdo incrustado en su cerebro primitivo, por mucho que pretendan intelectualizarlo. Esas formas, esos colores, quedarán grabados y resistentes a la fría lluvia de los días. Arañarán y arañan (como astillas finas) lo que somos, y eso es mucho decir cuando el arte, hace ya tiempo, se olvido un poco de todos nosotros.



Por suerte, Conrado Zurdo tiene esa extraña habilidad (la tienen pocos) de golpear nuestro yo más íntimo, ese ser antropomorfo que solo vemos antes de meternos a la ducha; no es extraño pues que el vea toda su creatividad como algo natural (la humildad del insistente), como un torrente animal y de agua pura, algo así como pintar la cueva con siglos de evolución y motosierra Stihl. Pasan los siglos y nos vamos dando cuenta de que lo importante va estando lejos del asfalto, tal vez en la madera, en esos objetos casi vivos con tonos musicales, ecos de las vanguardias y sabor a roble seco que se modifica, que nos modifica. Yo creo que Conrado Zurdo nos ha pintado, nos ha mejorado un poco a todos. Luego él dirá que le ha salido de dentro (sin sarcasmo), pero eso mismo decían los chamanes y salvaban a la tribu de la terrible enfermedad que es el existir. En Espacio Vías tienen la prueba.









[The Smiths recreándose en la duda. Las flores y una aguda sensibilidad rodeando la vida]



lunes, 12 de abril de 2010

Hartos de una realidad infeliz

Últimamente ha habido confusiones. Demasiadas. Tantas que ha tenido que venir Vicente Verdú a colocar el foco sobre peligros que el filósofo está obligado a hacer transparentes. Que luego reaccionemos es otro tema. Y que no se enfade Aído,claro (hoy que viene a inaugurar Espacio Vías),pero, como siempre, el sr. Verdú ha dado en el centro de la diana. Definitivamente es el hombre/pensador clave de su generación (J. A. Marina anda muy despistado últimamente). Esto es lo que se le pide a alguien que piensa. Lean y luego hablamos:


"Los calzoncillos como pieza clave"
VICENTE VERDÚ. EL PAÍS 10/04/2010


Tonterías aparte, un ministerio de la igualdad, para la igualdad o por la igualdad sexual tendría que ocuparse (igualmente) de las diferencias, que asidua o circunstancialmente, disminuyen a los hombres.

No obstante, el caso es que a fuerza de levantar grandes banderas a favor de la mujer quedan enterradas los pocos banderines de los hombres o bien, a causa de realzar la injusticia histórica sobre la mujer se ha fundado una secreta injusticia hacia los hombres. No es necesario que esto lo entienda la ministra cuando ni siquiera entiende el cuento de Blancanieves.

Merece la pena, sin embargo, que a estas alturas de la Red, los estudios de sexos, genes, neuronas u hormonas, la atención se dirija también a la maltrecha figura del hombre, su confuso papel de padre, el maltrato femenino de la masculinidad y, en general, al paleto enaltecimiento de lo femenino como el índice contemporáneo por excelencia.

De hecho, nunca se llegó tan lejos, en aras de "la igualdad", a rebajar el ser de los hombres. Hombres borrados del lenguaje a través de lo políticamente correcto, difamados en el sistema familiar, desacreditados en sus formas de amar, lacerados en las sentencias de divorcio, envilecidos en la violencia de género, descartados, en fin, como portadores de algún don significante que convenga al futuro. Pocas campañas contra un grupo social fueron tan duras y generalizadas.


Hay presidentas de Gobierno y presidentes de Gobierno, pero estos necesitan legitimarse no sólo mediante los votos sino con operaciones maquilladoras que, en España, debido al enfermizo feminismo de su primer mandatario, eligen a Bibiana Aído. Un nombre apropiado, efectivamente, ideal para una nueva línea cosmética.

¿Qué se ofrece, entre tanto, "igualitariamente" a los hombres? Prácticamente nada. Todo el apoyo recibido últimamente por la masculinidad, estética o no, debe agradecerse casi en exclusiva al denuedo de algunos creadores homosexuales en cuya tarea, el nuevo diseño de los calzoncillos puede considerarse clave.

Hasta ahora mismo, las secciones de lencería femenina, en galerías o grandes almacenes, escenifican siempre un universo de ensueños, transparencias y gozos tal como si a la destinataria correspondiera un grado de divinidad al que, por contraste, jamás llegará un hombre.

Todavía la mayoría de los comercios disponen las prendas interiores masculinas sin tratamiento imaginario. Elementos necesarios, sin más. El cambio en la publicidad que empezó a registrarse hace poco a través de Calvin Klein, Hugo Boss, Armani o Alexander McQueen debe agradecerse, casi en su totalidad, a impulsos homosexuales.

Estos calzoncillos, estampados de plumas y arabescos, con flores o tortugas, muestran una exaltación del atractivo viril que la historia había desdeñado en los dos últimos siglos. Pero, en estos momentos, el nuevo presidente de la firma Alexander McQueen -tras el suicidio de su creador- declara que "el desarrollo de la división de hombre es una prioridad" (EL PAÍS, 9-4-2010).

Naturalmente: el mercado de la cosmética femenina se encuentra saturado desde hace más de un lustro, pero el de la joyería, la sastrería o la lencería, también. Ningún Instituto del Hombre protestó respecto al fondo de esta discriminación. Lo bello y admirable era el cuerpo de mujer mientras el hombre sólo miraba y deseaba. La diferencia provoca esta asimetría cruel. Pero ¿la proclamada igualdad a través de la línea Bibiana Aído resarcirá al hombre de los anteriores agravios? Claro que no. Ni siquiera es probable que entienda ella (ella y sus afines) el sentido común de este texto.



Ser hombre cada vez es más difícil. Las mujeres necesitan ganar derechos y formas de "estar" en el mundo, por supuesto, pero no a costa de nuestra alienación -la masculina-, humillación y vergüenza. Sin equilibrios, o una cultura únicamente femenizada, estamos condenados a una imagen desigual (se dirá que para compensar siglos de maltrato). Cuando la educación, no lo olvidemos, siempre fue femenina (nuestra cultura, especialmente en la zona del Mediterráneo, nunca ha dejado de serlo, femenina, digo). Nunca las venganzas salieron bien. Hacen al vengador extrañamente peor de lo que era. Y la verdad, el mundo no ha mejorado demasiado desde entonces. Nadie es más feliz que hace un siglo y, además, para colmo, todos hemos perdido mucho, libertades y respiración, entre otras cosas. Cualquiera lo puede ver al echar un ojo a la TV (buena medida de la realidad).

Por suerte, hoy mismo, la srta. Aído viene a inaugurar el Espacio Vías aquí en León. Un poco de limosna a esos, estos o aquellos desorientados que crean cosas y gastan, ay, mucho dinero. Aunque, saben una cosa, tengo la impresión de que el engaño ya no llega verdaramente a nadie. Aparentar cada vez lo hacemos mejor todos. Llenar la barriga bien vale un poco de hipocresía. Nos hemos vendido por un vino español y una Pepsi- Cola, ay (qué baratos estamos últimamente!).



[Feminidad y masculinidad, a un tiempo, en estado puro. Los destellos del genio logran un inigualable equilibrio. Pulp Fiction y el brillo de toda la belleza posible]