lunes, 15 de octubre de 2012

Gandía Shore y el nuevo credo


Gandía Shore lo prometía todo. El absoluto. Quizá más. Jersey Shore se había convertido en una nueva vuelta de tuerca con inmenso potencial que se había exprimido hasta el hartazgo (MTV lo ponía hora sí, hora también, en su nueva y hormonadísima parrilla española). Para los que no sepan del fenómeno Jersey Shore, les hago un rápido resumen. Visto que nadie vende discos, y visto que interesa más la vida privada del personal (entre más íntima mejor, ya volveremos a este punto), MTV tuvo una visión: juntar a ocho chavales a mojar todo lo posible en una casa de la playa allá por las Américas. Fiesta, rayos UVA y sexo a tutiplen. Para que nadie los tachara de excesivamente jetas, se les ponían a currar un rato en una tienda de camisetas (aunque la mitad de las veces no aparecían o se quedaban dormidos allí mismo). Meter la mirada en algo así era como comer con las manos, ya está dicho en alguna parte, entre culpable y cargado hasta las cejas de calorías y grasas polisaturadas. Follamigos perpetuamente colocados, golpes noctámbulos y diurnos, bronca y amistad de perfil bajo, una fiesta prolongada bajo las sábanas y los primeros rayos de sol, el cuarto de los ligues y la más absoluta de las ineficacias hipermusculadas para vivir una vida tal y como la conocíamos. Algo así como nuestros ni-nis más ortodoxos, pero a lo yanqui.








Claro, la cosa iba de sumar. Si estos barrasyestrellas eran capaces de algo así, el país del calimocho no podía quedarse atrás. El potencial era inmenso. Infinito, diría yo. Varias generaciones educadas en Gran Hermano obrarían el milagro con facilidad. Por eso Gandía Shore es perfecto. Perfecto en su grado cero al mal gusto, lo hortera y el culto a yo qué sé qué (en esencia, a algo similar al placer en su nivel más primario). Por ser justos y añadir variables, tampoco debería olvidarse que John Waters apostó a los mismos valores y hoy es algo así como alta cultura en determinados círculos (Almodóvar siguió esa estela en Pepi, Luci y Bom..., con una Alaska meando porque sí a Carmen Maura). El moderneo es inescrutable. Y Gandía Shore tiene la posibilidad de engatusar a la fauna más descreída (Jersey Shore ya lo hizo). En tiempos transgénicos, de crisis epidémicas, Gandía Shore se convierte en el punto de sal que faltaba a la paella global. Tal vez más clásicos que nadie (Demócrito noqueado bajo el ala), y sin ninguna conciencia de ello, han venido a instalar el placer orgánico en el centro de la fórmula televisa y social. Saciar la mirada como perversos deglutidores romanos (calígulas pequeñoburgueses demasiado esclavizados por las deudas y el pasado). El placer lo queremos ya, aquí y ahora, el mañana no es valioso (otra confirmación más de la decadencia de los sufridos valores católicos en las muchas y muy nuevas generaciones sin futuro). Placer presente, para el que pueda pagarlo. Este es el nuevo credo. Amén.








[Alaska antes de su deriva Vaquerizo, folclorismo punk y demás]










1 comentario:

  1. yo dejé de ver la MTV el día que murió kurt cobain.

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