
Perdidos es muchas cosas, pero como leí en uno de los miles de artículos que se han publicado acerca de la serie (prácticamente todo el mundo ha dado su opinión), sobre todo es una historia de redención, de purga emocional, de segundas, terceras e incluso cuartas oportunidades, algo así como la propia existencia reunida en unas cuantas horas de producción americana. Y como todo lo yankee, vive en lo extremo, es capaz de lo mejor y de lo peor en apenas un instante. Hay momentos en Perdidos (no quiero desvelar nada a quien no la haya visto)que dan ganas de levantarse del sofá y comenzar a dar palma contra palma hasta caer rendido y, otras (ay, no pocas veces) cierta vergüenza ajena se apodera de uno.

Pero la clave, lo que verdaderamente diferencia esta serie del resto, es su capacidad para vivir dentro de ella (uno no es un mero espectador impasible). Respirarán entre Locke, Jack y el resto. Pedirán más, tomarán aire de esa isla hasta que parezca una extensión de sus propias vidas. Disfruten la experiencia y, sobre todo, de su derecho a estar perdidos.
[Punto inicial de un milagro televisivo. Lost (Perdidos) o la nueva deriva existencial de la crisis de un nuevo siglo...]
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