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lunes, 12 de abril de 2010

Hartos de una realidad infeliz

Últimamente ha habido confusiones. Demasiadas. Tantas que ha tenido que venir Vicente Verdú a colocar el foco sobre peligros que el filósofo está obligado a hacer transparentes. Que luego reaccionemos es otro tema. Y que no se enfade Aído,claro (hoy que viene a inaugurar Espacio Vías),pero, como siempre, el sr. Verdú ha dado en el centro de la diana. Definitivamente es el hombre/pensador clave de su generación (J. A. Marina anda muy despistado últimamente). Esto es lo que se le pide a alguien que piensa. Lean y luego hablamos:


"Los calzoncillos como pieza clave"
VICENTE VERDÚ. EL PAÍS 10/04/2010


Tonterías aparte, un ministerio de la igualdad, para la igualdad o por la igualdad sexual tendría que ocuparse (igualmente) de las diferencias, que asidua o circunstancialmente, disminuyen a los hombres.

No obstante, el caso es que a fuerza de levantar grandes banderas a favor de la mujer quedan enterradas los pocos banderines de los hombres o bien, a causa de realzar la injusticia histórica sobre la mujer se ha fundado una secreta injusticia hacia los hombres. No es necesario que esto lo entienda la ministra cuando ni siquiera entiende el cuento de Blancanieves.

Merece la pena, sin embargo, que a estas alturas de la Red, los estudios de sexos, genes, neuronas u hormonas, la atención se dirija también a la maltrecha figura del hombre, su confuso papel de padre, el maltrato femenino de la masculinidad y, en general, al paleto enaltecimiento de lo femenino como el índice contemporáneo por excelencia.

De hecho, nunca se llegó tan lejos, en aras de "la igualdad", a rebajar el ser de los hombres. Hombres borrados del lenguaje a través de lo políticamente correcto, difamados en el sistema familiar, desacreditados en sus formas de amar, lacerados en las sentencias de divorcio, envilecidos en la violencia de género, descartados, en fin, como portadores de algún don significante que convenga al futuro. Pocas campañas contra un grupo social fueron tan duras y generalizadas.


Hay presidentas de Gobierno y presidentes de Gobierno, pero estos necesitan legitimarse no sólo mediante los votos sino con operaciones maquilladoras que, en España, debido al enfermizo feminismo de su primer mandatario, eligen a Bibiana Aído. Un nombre apropiado, efectivamente, ideal para una nueva línea cosmética.

¿Qué se ofrece, entre tanto, "igualitariamente" a los hombres? Prácticamente nada. Todo el apoyo recibido últimamente por la masculinidad, estética o no, debe agradecerse casi en exclusiva al denuedo de algunos creadores homosexuales en cuya tarea, el nuevo diseño de los calzoncillos puede considerarse clave.

Hasta ahora mismo, las secciones de lencería femenina, en galerías o grandes almacenes, escenifican siempre un universo de ensueños, transparencias y gozos tal como si a la destinataria correspondiera un grado de divinidad al que, por contraste, jamás llegará un hombre.

Todavía la mayoría de los comercios disponen las prendas interiores masculinas sin tratamiento imaginario. Elementos necesarios, sin más. El cambio en la publicidad que empezó a registrarse hace poco a través de Calvin Klein, Hugo Boss, Armani o Alexander McQueen debe agradecerse, casi en su totalidad, a impulsos homosexuales.

Estos calzoncillos, estampados de plumas y arabescos, con flores o tortugas, muestran una exaltación del atractivo viril que la historia había desdeñado en los dos últimos siglos. Pero, en estos momentos, el nuevo presidente de la firma Alexander McQueen -tras el suicidio de su creador- declara que "el desarrollo de la división de hombre es una prioridad" (EL PAÍS, 9-4-2010).

Naturalmente: el mercado de la cosmética femenina se encuentra saturado desde hace más de un lustro, pero el de la joyería, la sastrería o la lencería, también. Ningún Instituto del Hombre protestó respecto al fondo de esta discriminación. Lo bello y admirable era el cuerpo de mujer mientras el hombre sólo miraba y deseaba. La diferencia provoca esta asimetría cruel. Pero ¿la proclamada igualdad a través de la línea Bibiana Aído resarcirá al hombre de los anteriores agravios? Claro que no. Ni siquiera es probable que entienda ella (ella y sus afines) el sentido común de este texto.



Ser hombre cada vez es más difícil. Las mujeres necesitan ganar derechos y formas de "estar" en el mundo, por supuesto, pero no a costa de nuestra alienación -la masculina-, humillación y vergüenza. Sin equilibrios, o una cultura únicamente femenizada, estamos condenados a una imagen desigual (se dirá que para compensar siglos de maltrato). Cuando la educación, no lo olvidemos, siempre fue femenina (nuestra cultura, especialmente en la zona del Mediterráneo, nunca ha dejado de serlo, femenina, digo). Nunca las venganzas salieron bien. Hacen al vengador extrañamente peor de lo que era. Y la verdad, el mundo no ha mejorado demasiado desde entonces. Nadie es más feliz que hace un siglo y, además, para colmo, todos hemos perdido mucho, libertades y respiración, entre otras cosas. Cualquiera lo puede ver al echar un ojo a la TV (buena medida de la realidad).

Por suerte, hoy mismo, la srta. Aído viene a inaugurar el Espacio Vías aquí en León. Un poco de limosna a esos, estos o aquellos desorientados que crean cosas y gastan, ay, mucho dinero. Aunque, saben una cosa, tengo la impresión de que el engaño ya no llega verdaramente a nadie. Aparentar cada vez lo hacemos mejor todos. Llenar la barriga bien vale un poco de hipocresía. Nos hemos vendido por un vino español y una Pepsi- Cola, ay (qué baratos estamos últimamente!).



[Feminidad y masculinidad, a un tiempo, en estado puro. Los destellos del genio logran un inigualable equilibrio. Pulp Fiction y el brillo de toda la belleza posible]


lunes, 1 de marzo de 2010

Motivación hipócrita

Campaña hipócrita donde las haya la de "esto lo arreglamos entre todos.org". La publicidad, inscrita en toda la prensa y televisión de todo el país, no debe olvidarse, viene financiada por las "grandes" empresas españolas (El Corte Inglés, Repsol, Iberdrola, Mercadona...) que han visto como su montante de beneficios disminuía día a día. Pero esto no se dice en la propia publicidad, para dar credibilidad al "movimiento" teóricamente popular. Hasta José Antonio Marina cae en la trampa de creer que es algo de ese carácter. De popular nada, únicamente es interesado, especialmente en que su beneficio sea crecientemente constante (paradoja imposible, y luego presumen de realistas y los demás somos los utópicos).

Recuérdese que muchas de estas empresas tienen a sus trabajadores de modo bastante precario, tira de jóvenes para ganar más beneficios a fin de mes (ya se sabe que el trabajador de cierta edad pide más)...y para colmo, nos atizan con Buenafuente (al que después de esto he dejado de tener cierto respeto), Gasol, etc. Los modelos sociales, supongo que pensarán, que nos insisten desde la teórica relajación de la cafetería (qué bocazas es el español, siempre desde los bares, nada donde deben decirse las cosas), los triunfadores que, insisten, todo debe volver a ser como era: sus beneficios inmensos, los demás tirando para no morder. Pues no señores, estamos "agotados de esperar el fin" (variación más o menos libre de los mensajes de Baudrillard). Los errores son tantos y tan grandes que es insultante una publicidad como esa. La economía es optimismo, bien lo saben, pero no se puede tener optimismo en un sistema que se tambalea con los especuladores, los que pisan ágilmente al vecino para conseguir un trozo más grande de pastel... Pero si es que tiran hasta de una ciega para insuflar energía optimisma (y luego no darían donaciones ni de broma - o para mejorar su imagen de fieras devoradoras- a ayuda social si no tuvieran desgravación fiscal). "Todos mienten y sabemos que mienten" decía Verdú en El estilo del mundo.

Más bien cambiaría el mensaje, aunque no creo que lo financiara nadie : "esto nos lo merecemos todos.org" , incluidas las grandes empresas, usted y yo... Esto no es política. Si basamos todo en la producción y el consumo corríamos el riesgo de que todo se detuviese. No hacía falta pensar mucho (sobre todo el que creía -alguno lo cree todavía- que comprando un piso tenía el cielo en la tierra), pero ya se sabe que pensar no es el estilo de vida de este país (salvo para jo*** al de al lado, entonces sí).Pero esto nadie lo dijo. Era mejor creer que el mundo era nuestro (del todo). Hay algo olvidadizo que se llama Thanatos ( o la tendencia humana a la destrucción). Quizá estemos cansados de optimismo, cuando este mundo, la verdad, no es para tirar cohetes (aunque alguno/s así lo quieran).




[Si al menos tuviésemos mientras buena banda sonora o a la altura de las circuntancias. Tengo que tirar de Wire para darle perspectiva e imaginería al momento...]

viernes, 3 de julio de 2009

Verdú o los modos de comprender el mundo

Vicente Verdú es lo más parecido que tenemos aquí a un filósofo del presente. Seguidor -pero también amplificador- de los postmodernistas, desde Debord hasta Baudrillard o Lipovetsky, analiza el tiempo que le (nos) ha tocado vivir con una precisión de cirujano abstemio y escasamente suicida. Verdú, creo, intenta saber y comprender, y como eso es algo realmente singular y extraño, un joven de apenas 30 años no le deja de leer, con una adicción irrefrenable, que es la que consiguen los buenos autores, los que algún día permanecerán, tras esta posible "Tercera Guerra Mundial" en marcha.




Verdú entronca con la filosofía de la sospecha, de la denuncia y del caos actualísimo. Sobrevivir al presente como la gran meta, todo para contarlo una y mil veces (aún a sabiendas de que no sirve para nada). Lo importante es ver o entrever las cosas en sí. Y conseguir que un lector joven e incrédulo lea a una generación que éspeculaba con su vecino, hasta que, claro, un día se volvió contra sí mismo. Cada vez más, es necesario un gesto, una acción, algo...