No se ha acabado el mundo. Menos mal, tenía(mos) mucho por leer y escuchar. Demasiadas cosas pendientes. Además de recordar (de nuevo) que León continúa agotadoramente imparable. El pasado jueves había tantas actividades que sólo la omnipresencia podía cumplir con todo. Aniversario de Bici Crítica, Javier M. Llamazares presentando nuevo libro de relatos, los mejores poetas de la ciudad leyendo en Miserias y la proyección del documental incluido en el nuevo libro-dvd de Cooper, al que tuve el honor de asistir acompañando a sus responsables, al realizador Juan Marigorta y al líder de Cooper, Alejandro Díez (además de Carlos del Riego y López Castellanos). Está claro que algo ocurre cuando la ciudad hierve de este modo. No hay que olvidar que Alejandro es de los que siempre ha estado activo, dando forma creativa a esta ciudad de frío (fue él quien creó hace ya cerca de 25 años el festival leonés por antonomasia, el
Purple Weekend, aunque hoy no lo dirija y poco tenga que ver con sus premisas iniciales). Alex "Cooper" (ex-líder de Los Flechazos, una de las bandas señeras del León más internacional) ha sacado más de sí mismo, una vuelta de tuerca visual que lleva por título
A propósito de mi universo, un perfecto resumen del periplo actual del músico que definió toda una época y que hoy sigue siendo un imprescindible.
Alejandro y los suyos decidieron grabar hace tiempo su último álbum en los estudios Konk (propiedad de Mr. Ray Davies, The Kinks), situación más que ideal para dar forma a un documental preciosista (la pericia y maestría de Juan Marigorta se deja ver en cada pequeño detalle) que recorre esos días en un Londres posmoderno que cada vez mira más de reojo su pasado analógico (los estudios estaban a punto de cerrar durante la grabación). Más allá de un proceso de toma de decisiones musicales y técnicas, el documental ofrece una maravilllosa aproximación al estado actual de las cosas, en lo personal y en lo musical. Ahora la poca o mucha pasión preside todos los actos, la melancolía se instala ligeramente como un inquilino maduro (
Buenas días, tristeza sobrevuela literariamente el relato y los ánimos), además de lograr sueños de muy distinto tipo y ver, por fin, que en el arte (musical, literario o cinematográfico) sólo se han quedado quienes de verdad amaban estas cosas. Cuando el dinero, la prensa y absolutamente todo ha huido, sólo queda esta extraña neurosis por crear. A veces el único alimento posible. Y de ello se está nutriendo un León que mira hacia adelante sin dejar a un lado el pasado. Ya decía Godard aquello de clásico igual a moderno. Y ahí seguimos, insistiendo y ampliando nuestros respectivos universos.
[Cooper, pop en el callejón]