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lunes, 25 de abril de 2016

El Merodeador, un clásico underground


Regresa El Merodeador a por lo que le pertenece. Este pequeño librito re-editado por la editorial ACVF (la edición original de Baile del Sol es prácticamente inencontrable) encierra algunos de los relatos más inteligentes, sensitivos y maduros que ha dado la literatura independiente nacional de la mano de Vicente Muñoz. Acercarse a El Merodeador es hacerlo a toda una tradición de la literatura que él conoce tan bien, la de la angustia, el miedo atávico y el dolor de existir. Así su desnudo parece el de todos, sus heridas abiertas parecen las nuestras y la cosa acaba por ser una comunión profunda entre los hombres que, en el fondo, es para lo que sirve la literatura (si es que sirve para algo, que no importa).


Reivindico como receptor y apasionado lector esta colección introspectiva de relatos fantasmales que es El Merodeador. Aquí aparecen fragmentos de Pavese, de su adorado Bernhard, Pessoa o el mismísimo Cervantes, confirmando esa impresión que tuve de adolescente de que la verdadera literatura se parece mucho a la vida, por no decir que es la propia vida. Eso lo sabe a la perfección el bueno de Vicente Muñoz, que ha hecho de la literatura su residencia habitual, su lugar de esparcimiento y sufrimiento (siempre dice que esto de escribir es una carrera de fondo que desgasta mucho las zapatillas), ese espacio extraño donde ver reflejados nuestros propios espectros y la mejor/peor cara de nosotros mismos (que es la que interesa de verdad a las palabras, pues ya se sabe que son ellas las que nos utilizan a nosotros y no al contrario).

El padre del underground leonés se convierte aquí en un autor centroeuropeo que crea un sustrato divergente, una educación sentimental con el futuro y lo eternamente joven y arriesgado, un diálogo igualitario con nuestros temores más escondidos y que solemos esconder bajo capas de autoengaño. Evidenciando (una vez más) que la literatura es un eterno contrato de sangre con el diablo, una enfermedad de difícil cura. Aunque ya se sabe, la eternidad sólo sonríe cómoda ante los valientes. Normal pues que siempre firme con V, V de victoria, claro está.









[ Lloyd Cole & The Commotions, la sensación de crear un clásico]












miércoles, 2 de abril de 2014

De ruta




PERDIDOS



con dinero o sin dinero
perdidos

con trabajo o sin trabajo
perdidos

con o sin amor
perdidos

con antidepresivos o sin ellos
perdidos

con crisis o sin crisis
perdidos

con o sin alcohol
perdidos

siempre perdidos

buscando el camino
equivocado

todos 

seguimos










(...)

mi apuesta

suicida

por la literatura







(Incluido en Días de Ruta (Lupercalia, 2014), 
de Vicente Muñoz Álvarez) 


























[ Black Rebel Motorcycle Club, on the road ]













jueves, 17 de enero de 2013

Guarda el secreto


Animales perdidos (Baile del Sol, 2013) de Vicente Muñoz Álvarez es un poemario visceral y maduro (en el mejor sentido del término). Un ataque frontal a esta desatrosa civilización que, nos dice Vicente Muñoz, guarda una pequeña y denostada puerta de atrás. El posible refugio para todo los agotados ("que se acabe el mundo/ que arda babilonia/ que choque el cometa/ que estalle el planeta / que se vayan los cuerdos/ que emigren los necios/ que reinen los locos/ que se hunda el sistema"). Porque en Animales perdidos existe una única salida, y esa salida de emergencia es tan vieja y efectiva como el propio mundo ("un lugar tranquilo/ para respirar/ donde escribir/ soñar amar/ tan sólo eso"), y que no por ello deja de ser menos válida o útil. Cierta esperanza en la desesperación. Cierta calma tensa en el caos de existir. Así, todo está plagado de ese análisis doloroso de una realidad que se viene abajo (sin tocar nunca fondo completamente), de un mundo que aniquila bien por soledad, bien por desesperación o enfermedad diaria. Animales perdidos es un perfecto muestrario de todas esas sensaciones, pero también un ligero soplo de aire fresco en este doloroso y a abrasador infierno (Philip K. Dick siempre tuvo razón, el infierno no estaba en ninguna parte, era esto).





Animales perdidos (una buena definición de lo que somos, de lo que seremos) también está plagado de una historia paralela de la literatura (de Burroughs a Bukowski, de Céline a Lowry, pasando por David González o Raúl Núñez). Todo está inmerso en el líquido de esa estética maldita y al margen que tanto ha practicado Vicente Muñoz, pero, ya digo, con una interesante novedad, la calidez o el amor han llegado para quedarse. Y de ese tránsito mental y poético (cual Divina Comedia de extrarradio) surge el hallazgo, el descubrimiento literario y el paso adelante de quien no se ha cansado (del todo) de esta compulsión basada en mirar y escribir. Escribir y mirar, como un trozo de madera flotante en este blando mar que nos acoge ("el viaje/ la ola / respira"). Por eso continúa siendo importante discernar lo que uno es, ha sido y será en esta profunda y alargada penumbra. Aceptar sin conformarse, tomar aliento y entender los mecanismos del juego. Hay versos transformadores y reflexivos ("solo el instinto/ de sobrevir/ perdura") y un dulce aroma al encontrarse con un secreto que siempre estuvo frente a uno ("aquel hogar/ lo más bello/ en la tierra"). Y ese otro verso suelto que parece resumir y anticipar lo más decisivo: "guarda el secreto".









[Humbert Humbert, tiempos para el amor o el asesinato]







domingo, 6 de noviembre de 2011

Creando culto

Pronto, muy pronto, lo nuevo de Vicente Muñoz en las librerías. El imprescindible Cult Movies. Películas para llevarse al Infierno (Eutelequia, 2011), un personal tratado con lo mejor del cine underground nacional e internacional. Cien títulos sugerentes para ese otro cine que modifica poco a poco el alma de los que quieren ver y sentir otras realidades cinematográficas. Reflexiones e impresiones muy personales en torno a filmes de autor tamizados por la siempre inquieta mirada del autor de El Merodeador o Mi vida en la penumbra. Cien títulos, ya digo, que van de Arrebato a Vanishing Point (una lista asombrosa que, por supuesto, deberán descubrir por ustedes mismos). Y a unos textos fantásticos, se añaden ilustraciones a igual altura, las de Julia D. Velázquez, que ofrece una nueva visión de películas que cambiaron o cambiarán (es una guía de autodescubrimiento para perderse en ella) nuestra estrecha vida.


Pero Cult Movies no sólo es literatura e ilustración. Es algo más. También auténtico cine, ya que el libro añade el DVD Gritos en el pasillo, de Juanjo Ramírez. Más culto al culto. Porque al padre del undreground leonés (un título a compartir con Alfonso Xen Rabanal y Silvia D. Chica)le echabamos de menos una obra de auténtica pasión y dirección exclusiva hacia el cine, ese lugar de luces y sombras donde no sólo hemos forjado nuestro carácter, quizás también nuestras propias literaturas. El mundo positivado donde descansan nuestros ojos. Se presentará oficialmente el 25 de noviembre en Artemis (C/ Villa Benavente, 17), franqueado por Xen Rabanal y uno mismo. Acérquense y comprueben por ustedes mismos porqué Cult Movies debe estar junto a su pantalla o su librería. El próximo 14 de noviembre estará ya a la venta, por si se quieren ir adelantando.







[Blind Willie Johnson, cielo e infierno]